lunes, 16 de julio de 2012

Visiones y profecías de la madre Ràfols




La figura de la insigne religiosa María Ráfols i Bruna (1781-1853), nacida en el municipio catalán de Vilalranca del Penedès, brilló no solo por su desinteresada entrega a los pobres y enfermos, sino por la cantidad de cansinas que vivió a lo largo de su admirable existencia. Hechos prodigiosos y profecías que salieron a la luz tras descubrirse sus cartas y escritos por parte de una monja de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, institución fundada en Zaragoza por la propia María Ráfols, su primera superiora general. Aunque procuró mantener bajo el más estricto secreto sus visiones, revelaciones y su don profetice, además de sus ha/añas heroicas, finalmente se vio obligada a redactar todo por una supuesta orden divina. "El Sagrado Corazón me manda escribir detalles de mi vida íntima, y cuánto sacrificio me cuesta este mandato, porque yo quisiera borrarme de la memoria de las criaturas presentes y venideras; pero me lo manda el Sagrado Corazón de Jesús y tengo que escribir, a pesar de todas mis resistencias", confesó en uno de sus escritos. Aun así, ocultó esos documentos autobiográficos, considerando que "no sé cuándo saldrán a la luz todos mis escritos, pero si tengo la seguridad que serán encontrados cuando se necesiten".
Curiosamente, por las mismas fechas en que se descubrieron sus manuscritos también se halló un texto de su confesor, Agustín Oliver, titulado Datos de la muerte de la madre María Ráfols, donde revelaba detalles de los últimos instantes de la vida de la beata, incluyendo un mensaje que presuntamente recibió de Cristo antes de morir y que se convirtió en profetice: "Yo liaré que lo que lias escrito por mandato mío lo encuentre a su tiempo una hija tuya, muy amada de mi corazón". Esos documentos íntimos permanecieron ocultos durante más de setenta años, mezclados con otros de la congregación. Fue en marzo de 1926 cuando una de las hermanas de la Caridad de Santa Ana encontró un escrito de la beata titulado Cuadeniito espiritual, así como una carta fechada el 14 de mayo de 1835. Hasta 1932, la misma religiosa descubrió otros escritos como Para mis hermanas en religión, Reglas para dar cuenta de conciencia, Para después de mi muerte, Avisos espirituales para el bien de la hermandad, Inspiraciones del corazón de Jesús, etc. Escritos que datan entre el 19 de abril de 1815 y el 2 de enero de 1849.


UNA VIDA ENTREGADA A JESÚS
La infancia y adolescencia de la madre Ráfols transcurrió en un ambiente familiar muy religioso. Precisamente, sus padres, Cristóbal y Margarita, eran conocidos por sus virtudes cristianas. Practicaban una caridad ejemplar hacia los más pobres y necesitados. Es obvio que esa circunstancia influyó en el destino de la beata. Ella misma, en un cuaderno autobiográfico, escribió: "Os doy gracias, Dios mío, cuantas puedo por haber tenido unos padres tan cristianos, por haberme criado alejada del mundo junto a dos conventos de religiosos, donde pude formar mi espíritu tan sólidamente". Una vocación religiosa que comen/ó a la temprana edad de tres años, si nos atenemos a lo que ella misma confesó: "Mi principal director ha sido el corazón de Jesús. Puedo asegurarles que desde la edad de tres años, en que yo creo que tuve perfecto uso de razón, ya me consagré a Él en cuerpo y alma, y desde esa edad tomó posesión de mi voluntad, que me obligaba a obedecerle en todo, sin que yo pudiera ponerle ninguna resistencia". También aseguró que desde ese momento surgió su fervor hacia la Virgen, a la que creía ver siempre a su lado, recibiendo de ella instmcción y protección.
A los catorce años, cuando estaba haciendo la primera comunión, sintió que Jesús le decía: "Hija mía, dame tu corazón. Si eres fiel a mis gracias, vivirás siempre en mi corazón. Tengo grandes designios sobre ti. Mi Madre y yo te guiaremos en el espinoso camino que tienes que recorrer para mi gloria y salvación de muchas almas". A los pocos días de recibir ese sacramento, que para ella fue crucial, ingresó en la Orden de Religiosos Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, gracias a las gestiones realizadas por fray Manuel de Montoliu, comendador de Vilafranca. "Aquí en este santo retiro encontré el medio de satisfacer mis deseos de vivir solo para Dios y para sus pobres", declaró. Sin duda, su camino ya estaba trazado.


LA HERMANDAD DE LA CARIDAD
En junio de 1803 recibió un presunto mensaje de Jesús instándola a fundar una Hermandad de la Caridad para "ver remediadas todas las necesidades de la humanidad, enferma de alma y cuerpo". Ella aceptó muy gustosamente la misión encomendada, por muy sacrificada que fuera. Por esas mismas fechas, se cruzó en su vida el sacerdote Juan Bonal, que llevaba una incansable labor con los más necesitados, y ambos se unieron en tan nobles aspiraciones. "Después que conocí a este sacerdote, no me quedó ninguna duda que era el instrumento que Dios me daba para realizar todos mis proyectos", escribió la madre Ráfols. Cuando en 1804 abandonó su tierra natal para dirigirse a Zarago/a y cumplir lo que ella consideraba un mandato divino, es decir, la futura fundación de la hermandad, recibió un nuevo mensaje de Cristo: "Hija mía, vo sé que por mi amor has dejado el tranquilo retiro de las sanjiianistas. Yo te concedo desde este día el espíritu de oración y contemplación más perfecto que puedo doren la Tierra a mis criaturas". Entre la multitud de mensajes que recibió, algunos tenían carácter premonitorio. Respecto a la casa donde vivió con sus padres, Jesús le dijo: "Esta casa será un lugar muy venerado; las muchedumbres aquí vendrán a implorar protección en sus necesidades. También quiero que tus hijas, ayudadas de otras personas caritativas inspiradas por mí, levanten en las cercanías de este santo recinto un hospital donde se puedan alojar los pobres y toda clase de enfennos en memoria de la caridad tan grande con que tú y tus piadosos padres acogíais a mis hijos necesitados". El 1 de mayo de 1931, el obispo de Barcelona, Manuel Irurita, inició esos proyectos, bendiciendo la primera piedra del templo que erigieron en aquel lugar en honor a la Virgen del Pilar. Así pues, la casa de la familia Ráfols se convirtió en centro de peregrinación para numerosos devotos de la beata.


Otro mensaje profético, relacionado con el sitio donde construirían el templo, fue dado a María Ráfols antes de que comen/aran las obras: "Muy cerca de este lugar -afirma que le comunicó Jesús- hay un tesoro escondido y cuando lo encuentren, Yo haré que a tus hijas lo entreguen. Este tesoro que te anuncio es mi imagen que en estas últimas guerras fue robada de la iglesia del Convento de los Dominicos, y al pasar por aquí rompieron la cruz con unas piedras para desclavar mi imagen. Al ver que no era de lo que ellos creían hicieron las más horrendas profanaciones y me maldecían como si fuera yo la mala suerte de ellos (...) Quiero que todo esto lo consignes para que cuando esta imagen mía, que tan idtrajada fue, esté ya en poder de tus hijas, le hagan un acto de desagravios y que desde ese día le llamen el Cristo Desamparado que pide reparación". Pues bien, en 1928 la casa donde nació la beata fue adquirida por la Congregación de Santa Ana. Tiempo después, se hicieron unas obras para cercar la finca y plantar un jardín. El 15 de noviembre de 1929, el peón Juan Aman, que trabajaba en el lugar con otros cuatro obreros, estaba abriendo una xanja cuando de improviso descubrió un caicifijo. Al cogerlo, observó que su mano estaba manchada de sangre. Pensó que sin darse cuenta se había hecho una herida, pero al limpiarse se dio cuenta de que no tenía el menor rasguño, así que no se trataba de su propia sangre. Llamó a sus compañeros y asombrados comprobaron que esta procedía del Cristo. Se lo comunicaron inmediatamente a doña Teresa Puig Ráfols, que constató el prodigio. Al parecer, el Cristo sangraba por la pierna izquierda. Cuando los obreros difundieron la noticia, la casa natal de María Ráfols recibió la visita de numerosas personas que deseaban ver con sus propios ojos el evento milagroso. Finalmente, el crucifijo de bronce fue llevado a la Casa Noviciado de Zarago/a. En lebrero de 1931, la reverenda madre general, Felisa Guerra, viajó hasta Roma y mostró el crucifijo al papa Pío XI, quien lo tomó en sus manos y lo examinó durante un buen rato con sumo interés y gran devoción.


ANUNCIOS PROFÉTICOS
Otras profecías hacían alusión a la persecución religiosa que se viviría en España al co-men/ar la tercera década del siglo XX, con el típico tono despectivo que esos mensajes presuntamente revelados suelen dedicar a los ateos y anticlericales: "No teínas; por más medios y maquinaciones que mis hijos desgraciados inventen para quitar la fe de España, no lo conseguirán, y Yo te aseguro, para tu consuelo y tranquilidad, que, por amor a las almas justas, puras y castas que en España siempre habrá. Yo reinaré hasta el fin de los tiempos en ella de una manera singular, y mi imagen será venerada hasta por las calles y plazas". Otro mensaje proféuco, de similar contenido, daba incluso el año concreto del inicio de esas persecuciones contra lo sagrado: "Cuando llegue esa época, que empezará abiertamente en el año 1931, quiero que mis hijos levanten su espíritu y pongan en Mi y en mi Madre Santísima toda su confianza". Y un tercer supuesto mensaje de Jesús decía: "Estoy dispuesto a derramar grandes gracias sobre mi querida España, que tanto la ha de perseguir la masonería. Pero quiero que no sucumban mis fieles hijos. Yo les ayudaré en todas las luchas, y conmigo la victoria la tendrán segura (...) Este escrito será encontrado cuando se acerque la hora de mi reinado en España; pero antes haré que se purifique de todas sus inmundicias". Recordemos que la II República quedó proclamada en España el 14 de abril de 1931 y que el 11 de mayo del mismo año empe/.ó la persecución religiosa con la quema de iglesias y conventos, así como el asesinato de católicos por parte de hordas fanáticas, acción injustificada y alejada del auténtico laicismo que muchos defendemos.
También hubo mensajes proféticos amenazantes y referidos al comportamiento libertino de la mujer, temas reincidentes en los comunicados celestes con cierto sabor ultraconservador: "Son muchas las ofensas que he recibido y las que he de recibir, sobre todo de la mujer, con sus vestidos impúdicos, sus desnudeces, su frivolidad y sus peiversas intenciones, con lo que conseguirán la desmoralización de las familias y de los hombres. Y esta será en gran parte la causa de que se irrite la justicia de mi Eterno Padre y se vea obligado a castigar a los hombres por lo mucho que se alejarán de Él y de mi Iglesia católica, v de los mandatos de mi vicario en la Tierra, y de los divinos preceptos. Tanta corrupción de costumbres habrá en todas clases sociales y tantas deshonestidades se cometerán, que mi Eterno Padre se verá obligado, si no se en miendan después de este llamamiento misericordioso, a destruir poblaciones enteras, pues a tal extremo llegará la corrupción". Pero una de las profecías más sorprendentes fue la que aparece en un escrito suyo fechado el 1 de julio de 1836: "La fiesta de Cristo-Rey sería instituida, por voluntad mía y a su debido tiempo, por mi vicario en la Tierra, mi amado hijo Pío XI", le comunicó Jesús. Y acertó, pues noventa años después, exactamente el 11 de diciembre de 1925, hubo un pontífice con este nombre que instituyó la fiesta de Cristo-Rey. Considérese que tras hallarse los escritos de la beata fueron examinados por el eminente perito calígrafo Angelo Mercati, quien emitió un informe asegurando que eran auténticos, no apócrifos. Además, recibieron el "imprima-tur" de la autoridad eclesiástica. En otro de los mensajes, supuestamente Jesús le dijo: "Esto que ahora escribes, lo encontrará en el mes de enero de 1932 una de tus hijas, que es la designada por Mí para encontrar todo lo que tú escribas por mandato mío". Y así fue. Ese escrito en concreto fue hallado el 29 de enero de 1932 por la hermana María Naya en el Archivo del Hospital de Zaragoza. Esta religiosa fue la que encontró todos los manuscritos de la beata. ¿Hablamos de facultades extrasensoriales o de avisos celestiales?


MILAGROS Y VISIONES DIVINAS
Pero María Rafols no solo recibía comunicados supuestamente celestiales, también tenía visiones, como la que protagonizó mientras oraba una noche. "Se me apareció el corazón de Jesús, tan lier-moso y resplandeciente como jamás lo había visto, y de los rayos de luz que despedía se iluminaron las paredes del ausento con una variedad de colores que parecían de cristal. Eran unos colores tan brillantes y lindos, que yo no sé explicarlo, solo sé dedique aquella morada pobre y humilíle ¡mecía un cielo", escribió. En esos momentos, ella se sentía como transportada a otro mundo y únicamente acertaba a exclamar. "¡Oh, qué grandes son, Señor, vuestras moradas!".
¿Qué fuerza extraordinaria imprime la fe en ciertas personas como la madre Rafols? ¿Acaso esa fe pone en marcha ciertos mecanismos psíquicos capaces de producir hechos paranormales y visiones transpei'sonales que son inteipretados erróneamente como sobrenaturales? En MÁS ALLÁ hemos analizado en profundidad la vida de muchos santos y místicos (monográfico n" 62, Santos paranormales). La beata María Rafols entraría en esa categoría con sus visiones, recepción de mensajes, profecías y éxtasis. Es más, cuando repartía comida entre los pobres y enfermos, en ocasiones sucedía el fenómeno de la multiplicación de alimentos, a semejanza de lo que relatan los Evangelios. Cestas que contenían escasas piezas de pan servían para saciar a decenas de personas. Así lo contó la beata: "Un día que no teníamos nada en el hospital y los heridos me pedían pan y yo no tenía para darles, me fui a hacer oración ante el Sagrario y después de estar allí un rato, se me ocurrió salir por la ciudad con otras dos hermanas a recoger alguna limosna, aunque era difícil, porque escaseaba todo en Zaragoza. Pronto llenamos unos cestos y volvimos al hospital. Se repartió eljxm entre los enfermos y los heridos hasta que se saciaron, remediamos algunas necesidades particulares y a las religiosas del Convento de la Encamación. Y aún quedó pan en abundancia. Este milagro pasó desapercibido para todas, pero para mí no, pues el Señor me hizo ver que multiplicaba el jxm en los cestos. Yo estaba confundida y humillada al ver tan grande misericordia". Lo mismo acontecía con el agua: "De pronto me acordé de que en el oratorio había una cántara llena de agua bendita -escribió la madre Rafols-, fui a buscarla y empecé a repartir portas enfermerías. Todos bebieron mientras tuvieron sed y la cántara siempre estaba llena. Cuando se saciaron, la dejé en el oratorio con la misma cantidad de agua que tenía antes y nadie se enteró de lo que había ¡xisado, ni aun mis hermanas". Otro singular fenómeno fue que la campana solía tocar sola cuando algún peligro amenazaba a la comunidad, como algún ataque de los sitiadores franceses o complots para matar a las religiosas oiiquestados por enemigos infiltrados entre los propios empleados y dependientes del hospital. La madre Rafols describió así uno de esos episodios: "Un día, estando en la oración, se tocó por si sóla la campana, como ocurría siempre que iba a pasar algo grave, y al poco rato vinieron unos cuantos hombres con cuchillo en mano dispuestos a matamos. Yo alenté a las hermanas con palabras de consuelo, y salí la primera a su encuentro y les dije con una gran foilaleza que el Señor me dio: 'matadme a mí y dejad en paz a mis hermanas'. En esta ocasión el Señor los desannó también. No sé qué verían en nosotras; el caso fue que se fueron avergonzados, y desde aquel día no nos han molestado más, ni de palabra ni de obra".


LA FUERZA DE LA FE
"La sierva de Dios Mana Ráfols tuvo la virtud de la fe en grado heroico", explicó el canónigo Santiago Guallar en una biografía sobre la beata. "La fe lúe como la raíz de donde brotaron sus virtudes extraordinarias, su piedad, sus sanias prácticas y heroicas resoluciones (...) La fe fue para ella el faro que alumbró su camino y dio a su espíritu el acierto en la solución de los más difíciles problemas y en la dirección y gobierno de sus empresas, y comunicó n su inteligencia luz para ver todas las cosas con un criterio sobrenatural". Su ardiente amor a Jesús, que convirtió en el epicentro de su vida encaminada hasta el día de su muerte a la santidad, pudo hacerle creer inconscientemente que le guiaba a cada momento, que go/aba de su presencia visible y que recibía constantes mensajes suyos. No es cuestión de entrar ahora a buscar posibles explicaciones neurocientíficas a las experiencias místicas, que a buen seguro las hay (consultar la entrevista al neurólogo Francisco J. Rubia, publicada en MÁS ALLÁ, 248). Pero bien es verdad que tengan el origen que tengan tales experiencias, el sujeto que centra su atención en cuestiones trascendentes, que medita profundamente sobre Dios, que se desapega del mundo cotidiano para tomar un sendero espiritual, termina desaiTollando en lo más interno de su ser ciertas capacidades extraordinarias que le hacen distinto de los demás mortales. El carisma que irradian personas como la madre Ráfols, capaces de lograr objetivos heroicos impensables a pesar de las dificultades que conllevan, es una prueba de peso para reconocer -incluso por quienes no somos creyentes- el inmenso poder de la fe. Las palabras de la propia beata pronunciadas tiempo antes de morir lo expresan perfectamente: "Confío por la infinita misericordia de mi dulce Jesús vivir hasta el último instante de mi vida, sirviéndole cada día con amor creciente, hasta tener la dicha de exhalar mi último suspiro". Momentos antes de su óbito, que tuvo lugar el 30 de agosto de 1853, todos los que la acompañaban se quedaron estupefactos al observar cómo la habitación se iluminaba de repente, mientras que el cuerpo de la beata adquiría una extraña claridad, especialmente sus manos. Le dio tiempo a describir que estaba viendo a Jesús en medio de rayos de luz resplandecientes. "Esa claridad que ustedes ven no es mía, sino de mi dulce Señor, que tan misericordioso se muestra conmigo", añadió. Supuestamente, Cristo la consoló diciéndole: "En recompensa por haber seguido todas mis inspiraciones y mandatos, gozarás hoy mismo y sin pasar por el Purgatorio de mi gloria". El 1 de octubre de 1994 sería beatificada por el papa Juan Pablo II, extendiéndose su fama por todo el mundo. Como bien apuntó el sacerdote y periodista José L. Martín Descalzo, "su sepulcro se convierte en centro de peregrinaciones y todos cuantos visitan Zaragoza saben que, después de la visita al Pilar, es obligada esa otra oración ante un sepulcro que parece irradiar los favores de Dios".       

2 comentarios:

  1. Hermoso Mensaje de la Beata Madre María Rafols, hoy en día en este tiempo es urgente y necesario que se levanten nuevas jovénes que se entreguen al servicio de Nuestro Señor siguiendo el ejemplo de la Beata Madre María Rafols. Nuestro mundo va cambiando a pasos agigantados y en verdad necesitamos de los carismas de la Beata Madre María Rafols.

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    1. En España se necesitan personas generosas y bondadosas que contraresten tanta maldad como se está produciendo.

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