jueves, 17 de septiembre de 2009

Antropofagia. El gusto por la carne humana.

por spirit616

“Hubo aquella noche para los Tlaxcaltecas gran banquete de piernas y brazos, porque sin los asadores que hacían de palo hubo más de cincuenta mil ollas de carne humana. Los nuestros lo pasaron muy mal porque no era para ellos aquel manjar...”
HERNÁN CORTÉS


La práctica del canibalismo se pierde en la noche de los tiempos. Existía mucho antes de que los españoles llegaran al Caribe, y la raíz del término fuese desvirtuada: carib-calib-canib=caníbales. Antaño existían dos motivos por los que un ser humano decidía comerse a otro: por hambre (pueblos primitivos) o debido a un ritual (pueblos más avanzados).

En Sudamérica hay pruebas de la existencia de un canibalismo tanto gastronómico como ritual. En los casos de canibalismo ritual únicamente se invitaba a los mandatarios y a los parientes. En el valle del Cauca (Colombia) el canibalismo no tenía connotaciones religiosas y esta práctica se extendió en emplazamientos en los que existían abundancia de alimentos de origen animal y cereal. El investigador González Torres defiende que el canibalismo se producía en numerosas áreas simplemente por el mero gusto de consumir carne humana.


En Australia, debido a la extrema escasez de alimentos, se dieron frecuentes casos de endocanibalismo, esto es, que en ocasiones las madres se comían junto a sus hijos, al bebé que acababa de nacer. Otros lugares donde se dio antropofagia fueron las islas Salomón, las paradisíacas Fiji, en Nueva Guinea, donde los papúas metían a los muertos en cabañas y una vez que se habían llenado de gusanos los devoraban. También en el archipiélago de Nueva Irlanda y en multitud de otras tierras.

Canibalismo ritual
El sacrificio humano era un rito tendente a conseguir un fin. Se trataba de una acción simbólica, mediante la cual se creía posible intervenir en el mundo de lo sobrenatural. Al matar a una persona de forma violenta, siguiendo un ritual, los sacrificadores estaban convencidos de que se producía la liberación de una energía que si era manejada por las personas elegidas –sacerdotes, reyes o altos mandatarios- podía ser encauzada para conseguir beneficios personales o para la comunidad.

Esta creencia se ha producido en numerosos pueblos y los nombres que se le ha dado a esa “energía” son distintos: Mana (Polinesia), numen (romanos primitivos), teótl (mexicas), etc. Para conseguir recargar elmana, había que introducir un nuevo elemento: el alimento, consumiendo partes específicas del cuerpo de la víctima. La sangre era uno de ellos pero otras partes cargadas de mana serían el corazón, la cabeza, los muslos... Los reyes y sacerdotes tenían más mana. En el caso del canibalismo ritual era necesario que éste se celebrara en determinadas condiciones. De no ser así, dejaría de ser aceptado por la comunidad para convertirse en un crimen.



El privilegio de la sangre
Los mexicas, tras las guerras, retiraban los cadáveres de los suyos del campo de batalla. Esta era una forma de preservación ante el hecho de que otros pueblos pudiesen comerse a sus compañeros, lo que era considerado como un insulto. En Centroamérica el canibalismo ritual era un privilegio destinado a unos pocos, los guerreros tequihua. Los niños y cautivos eran despedazados y se repartían sus trozos entre los nobles y los dirigentes de la guerra. Según Oviedo, a Motecuhzoma le servían carne humana entre los más de tres mil platos que se le presentaban como manjares más preciados.
Sin embargo, para muchos pueblos existía un tabú a la hora de comerse a un pariente, a alguno de su propio grupo étnico o a un enfermo contagioso. El asco no lo provocaba el consumo de la carne humana, sino el conocer que el cadáver que habían devorado fuese un miembro de su propia comunidad. 

Cómo y de qué forma
El cadáver de la víctima se repartía en tantas partes como guerreros habían participado en su captura (un máximo de seis). Los muslos y brazos eran muy apreciados. También las manos y los pies eran según parece muy sabrosos. Las cabezas y corazones sólo podían ser ingeridos por los sacerdotes. En Shekiam (Senegal), estaban persuadidos de que si el rey o el sacerdote comía el corazón del guerrero más valeroso capturado, supuestamente adquiría esa cualidad: la valentía, en este caso. La sangre estaba destinada a los dioses y no se ingería. Sólo aquellos pueblos más primitivos lo hacían.


Según la víctima, la preparación gastronómica era diferente. Los mexicas, por ejemplo, la solían cocinar con maíz y sal. Pero los prisioneros y los niños ofrecidos a la deidad Tlaloque eran preparados con tallos de calabaza y flores. En las sociedades más primitivas la carne se repartía entre todos (no había ritual) y cuan mayor era el nivel cultural aumentaba proporcionalmente la jerarquización en el reparto.

Caníbales sin saberlo
Fritz Aarmann fue decapitado en Alemania el 20 de diciembre de 1924, después de haber cometido un número tan elevado de crímenes que ni tan siquiera él era capaz de recordar con exactitud cuántos. Después vendía la carne de los niños. Georg Grossmann, compatriota de Arman, tampoco pudo cifrar el número de asesinatos que cometió –se calcula que unos cincuenta- aunque lo que sí se conoce es lo que hizo con los cadáveres: los convertía en “perritos calientes” que él mismo vendía en la estación de ferrocarril en la que trabajaba.

El caso de Kate Webster no deja de ser aún más curioso. Después de matar a la señora para la que trabajaba con un hacha de partir carbón, la despedazó ayudándose de una sierra especial para carne y se deshizo de las piezas mayores tirándolas a un río o quemándolas. Hecho esto, coció las partes más “substanciosas” de las que extrajo la grasa, que embotelló y vendió a un restaurante como aderezo de los platos.

En septiembre de 1994, ocho personas comieron el hígado de un hombre en Campiñas (Brasil), después de que su asesino lo hubiera vendido al restaurante, y los dueños –ajenos a su procedencia- lo prepararan con ajo, cebolla y pimienta. Lo llamativo es que los clientes comieron a placer y sólo únicamente después de saber que lo que habían consumido era carne humana se escandalizaron.


Caníbales contemporáneos
En la década de los ochenta, Jean-Bedel Bokassa, Emperador de África Central, fue derrocado. Después de trece años de dictadura fue acusado de genocidio y de canibalismo. Los testigos que entraron en su suntuoso palacio declararon haber encontrado en los congeladores cadáveres humanos a los que les faltaban varios miembros. Pero Bokassa huyó y se escondió rodeado de guardianes que velaban por su seguridad. Nadie sabía dónde estaba hasta que el periodista Ronald Koven le localizó en Costa de Marfil, viviendo a cuerpo de rey. En una entrevista concedida a este periodista, no sólo reconoció sin tapujos haber practicado la antropofagia sino que incluso acusaba a Giscard D´Estaing de lo propio.

Posiblemente Jeffrey Dahmer, el “carnicero de Milwaukee”, uno de los asesinos más espantosos que ha conocido la historia criminal, buscara algo parecido al mana cuando violó, asesinó, bebió la sangre y se comió, entre otras partes del cuerpo, los cerebros de diecisiete jóvenes. Al preguntarle en concreto sobre este particular explicó: “Me hacía sentir que pasaban a ser permanentemente parte de mí, aparte de la curiosidad de saber cómo eran”. El caso de Dahmer merece reflexión, ya que poco después de estas declaraciones realizadas a la NBC desde la prisión –donde había propuesto a varios reclusos formar un grupo de “caníbales anónimos”- otro preso, Christopher Scarver, convicto de 25 años que se consideraba el hijo de Dios y receptor de supuestos mensajes telepáticos, decidió hacer justicia y matar a Dahmer en 1994.



Pero hay muchos más casos: Henry Heepe mató a su madre de setenta y siete años en 1994 y cocinó un guiso con ella, por considerar que era un “vampiro diabólico”, que poseía dos corazones que latían simultáneamente. George Hasselberg confesó en 1995 haberse comido las entrañas de su amante octogenario. Al ser interrogado declaró “Jamás pensé que podría haber llegado a este extremo”. Filita Malishipa, natural de Zambia, fue condenada en 1995 a seis meses de prisión tras confesar haberse comido a siete de sus hijos, con la ayuda del “demonio”, en el transcurso de un ritual de magia negra.

Francisco García Escalero, acusado de cometer once asesinatos, resultó absuelto en 1995 tras declarársele no responsable de sus actos. El llamado “mendigo psicópata”, reconoció haberse comido el corazón de algunas de sus víctimas. El llamado “carnicero de Rostov” fue condenado en 1992, declarado culpable de asesinar y comerse a 53 personas. Seis meses después, en mayo de 1993, se descubría en Rusia a un nuevo criminal. Fue bautizado por la prensa como Miklujo-Maklai, nombre de un célebre explorador y etnógrafo ruso de finales del siglo XIX, que recorrió lugares como Papúa Nueva Guinea. El sobrenombre se le puso porque asesinó al menos a veinticuatro mujeres y otros tantos hombres, siguiendo exóticos rituales de las etnias del Pacífico.

Alexander Spetitsev mató y se comió a ochenta personas en Siberia. Después de tres años en un psiquiátrico, los médicos consideraron que se había curado, le soltaron y se empeñó a fondo en la práctica de la antropofagia con la ayuda de su hermana y su madre. Hay gente para todo.

2 comentarios:

  1. Que decir, ¿habrá algún caso chileno? Sin considerar el accidente de los rugbistas uruguayos en los Andes. Este tema siempre despierta un extraño interés.

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