jueves, 12 de marzo de 2015

La fantástica historia del hombre que se envió por correo

Fuente: BBC

De Londres a Australia: el hombre que se envió a sí mismo por correo en una caja.
Reg Spiers quería dejar Londres atrás y no se le ocurrió otro modo. "Conseguí una caja y ya. ¿A qué debía tener miedo? No me asusta la oscuridad, así que simplemente me senté dentro", cuenta.


A mediados de 1960 el atleta australiano Reg Spiers se vio en Londres sin dinero para comprar un billete de avión para volar a casa. Desesperado por llegar a Australia a tiempo para el cumpleaños de su hija, decidió enviarse a sí mismo por correo aéreo. "Conseguí una caja y ya. ¿A qué debía tener miedo? No me asusta la oscuridad, así que simplemente me senté dentro", cuenta. Y añade: "Fue como un viaje al otro lado del océano. Tienes el asiento. Te sientas y vas".

Medio siglo después de la hazaña Spiers lo cuenta como si hubiera sido muy sencillo, pero en su día armó todo un revuelo en Australia. Explica que su actitud fue la siguiente: "Tuve esa idea loca de volver a Australia en una caja. ¿Quién me iba a decir que no funcionaría? Decidí darle una oportunidad".

Sin dinero, con ideas
Spiers estaba en Reino Unido para recuperarse de una lesión que había interrumpido su carrera de atleta. Entonces era una promesa en el lanzamiento de jabalina y se estaba preparando para participar en los Juegos Olímpicos de Tokio en 1964. Pero cuando quedó claro que no podría competir en las Olimpiadas, Spiers se propuso reunir el dinero suficiente para volar de regreso a Australia. Para ello, había pensado en trabajar en el aeropuerto. Sus planes cambiaron cuando le robaron la cartera con todos sus ahorros.
"Como había trabajado en la sección de carga de exportación (del aeropuerto) sabía del envío de mercancías. Había visto a animales viajar así todo el tiempo, así que pensé que si ellos podían hacerlo, yo también podía".
Spiers también conocía cuál era el tamaño máximo de la caja a enviar por aire. Así que convenció a un amigo, John McSorley, para que construyera una caja para "enviarse a sí mismo" a su país.


1,5 x 0,9 x 0,75

"Me dijo que debía medir 1,5 metros de largo, 0,9 de alto y 0,75 de ancho", recuerda McSorley. "Conocía bien a Reg, así que pensé: 'Lo va a hacer de todos modos, así que será mejor que le construya la caja'".
La caja que hizo siguiendo las especificaciones del atleta le permitía sentarse con las piernas estiradas o, si lo prefería, tumbarse con las rodillas en alto. Las dos tapas laterales se mantenían en su lugar gracias a dos listones de madera colocados en el interior. Así, quitándolos podía salir por cualquiera de los lados del arca.
Spiers iría atado con correas, para mantenerse en su lugar sin moverse mientras los operadores cargaban y descargaban la caja. Para evitar cualquier sospecha de que en el interior viajaba una persona, el arca fue etiquetada como carga de pintura dirigida a una compañía de calzado ficticia de Australia. A pesar de que el costo de enviar una carga tan grande y pesada sería más alto que el de un billete de avión, Spiers sabía que existía la posibilidad del cobro a la hora de la entrega. Así que, empacado junto a algo de comida enlatada, una linterna, una manta y una almohada y dos botellas, una para agua y la otra para la orina, fue puesto en un avión de Air India en dirección a Perth, un aeropuerto pequeño en el occidente de Australia occidental.
Antes de volar tuvo que permanecer 24 horas en el aeropuerto de Londres porque el avión no podía despegar a causa de la niebla. Y una vez en el aire, salió de la caja.

El infierno en Bombay
"Me estaba muriendo por salir, así que lo hice entre Londres y París", cuenta. "Oriné en una lata y la puse encima de la caja. Estaba estirando las piernas cuando el avión empezó a descender. Hacíamos escala. Así que, algo asustado, me volví a meter en el arca y dejé la lata con la orina encima".
Los encargados del equipaje en el aeropuerto de París pensaron que el desagradable contenido de la lata era una broma de sus homólogos en Londres.
"Dijeron cosas terribles de los ingleses", recuerda Spiers. "Pero ni siquiera se fijaron en la caja. Así que continué (el viaje)".
La siguiente escala fue en Bombay, India, donde los maleteros dejaron la caja con Spiers dentro al sol durante cuatro horas. "Hacía un calor del infierno, así que me quité toda la ropa", relata.
"Me dejaron en la pista antes de meterme en otro avión. Estaba atado pero tenía los pies en el aire, y estaba sudando como un cerdo. Pero no me di por vencido. Finalmente vinieron y me pusieron en otro avión".
Cuando el avión aterrizó por fin en Perth, abrieron el compartimento de la carga, y escuchó a los operarios australianos maldecir por el tamaño de la caja, Spiers supo inmediatamente que estaba en casa.
"Era el acento, inconfundible", dice el exatleta. "Estaba en tierra. Increíble. Maravilloso. Lo había conseguido", recuerda. "Estaba sonriendo de oreja a oreja, pero no les iba a hacer saber que estaba allí", cuenta, divertido.
"Sabía que iban a llevar la caja a un almacén. Una vez allí, salí de inmediato del arca. Había cajas de cerveza. Y, aunque no tomo, saque una lata y la bebí". Pero aún no podía cantar victoria.


Héroe nacional
Spiers había sobrevivido tres días de viaje en una caja de madera. Pero todavía tenía que enfrentar el reto de salir del aeropuerto. Por suerte, la buena suerte le siguió acompañando.
"Había varias herramientas allí (en el almacén), así que hice un agujero en la pared y salí", relata.
"No había seguridad. Me vestí un traje que llevaba en mi bolsa. Tenía buen aspecto. Salté por la ventana y caminé. Después hice autoestop para llegar a la ciudad. Fue así de simple".
Pero mientras, en Inglaterra, su amigo John McSorley estaba sumamente preocupado por su amigo. Y es que Spiers iba de camino a Adelaida, pero se olvidó de avisar a McSorley que había llegado intacto a su destino. Con la intención de averiguar lo ocurrido fue a los medios de comunicación. Y Spiers pronto se convirtió en la sensación de su país.
"Recibí un telegrama de una política australiana de renombre que decía: 'El valiente esfuerzo de un verdadero australiano'. Fue genial".
Además, al final, la aerolínea no le cobró los gastos de envío. Spiers admite que le sorprendió la cobertura que hicieron los medios de su aventura.
"Nunca había visto nada igual. Mi madre hasta se asustó al ver la calle entera bloqueada por los periodistas. Y continuó así durante semanas. Fue salvaje".
Spiers logró llegar a tiempo al cumpleaños de su hija, pero ante tal despliegue aún le quedaba una tarea que hacer: convencer a su esposa de que su historia era real.
"No me creía", dice. "Finalmente se convenció".
Los representantes de la industria aeronáutica dicen que un suceso como éste no podría ocurrir hoy en día.
La bodega suele estar presurizada y la temperatura no suele ser helada, pero por razones de seguridad toda la carga pasa por escáneres, así que, en caso de que hubiera una persona oculta entre ella, se encontraría rápidamente.


Lo que ocurrió después
Reg Spiers desapareció de Adelaida en 1981, después de que fuera acusado de conspirar para importar cocaína. Fue arrestado en Sri Lanka en 1984 y condenado a muerte por delitos de drogas. Apeló la sentencia con éxito y cumplió cinco años de cárcel en Australia.

lunes, 24 de noviembre de 2014

La bizarra foto de la Escuela de Dunrobin, Australia

por xjuanpablo




Para este nuevo caso, debemos viajar por el espacio tiempo al pretérito 1924, físicamente el sureste de Australia, cerca de la localidad de Casterton. Concentraremos nuestra atención a un lugar en específico, una escuela cualquiera, como todas las demás, como a la que tú y yo asistimos en algún momento de nuestras vidas, solo que lo macabro de este hecho lo hace una de las fotos más bizarras y obscenas de mirar. Y no hablo de esos recursos típicos y recurrentes, como lo sería un asesinato en serie o una historia sobre algún fantasma local, sino que una historia real con evidencias conocidas y para tu sorpresa, se trata de un hecho que para aquellos tiempos, era total y absolutamente normal.
Todo ocurrió en la “Escuela Pública Dunrobin 3777”. Debido al momento político que sucedía en el país, ocurrió una subdivisión de tierras, por lo que los nuevos asentamientos necesitaban de nuevas escuelas, dada a la re ubicación de la población solo asistían un máximo de 30 alumnos en todo el establecimiento. Así como nos sucedió a todos, llegada cierta altura del año, tocaba la molesta y tediosa foto anual. Esta instancia se reunía todo el curso y se tomaba una foto, donde se podía inmortalizar nuestras cualidades, para ser vistas a posteridad, pero en este caso esto cobra un giro tan irónico como macabro.

La fotografía anual de 1924, cambiaría para siempre la historia de esta escuela. Como puedes observar, es una foto normal, no se observa nada extraño, solo niños posando para la cámara, alineados los más grandes atrás, las niñas juntas otros abajo, como toda foto de curso.Podría decirte que mires la imagen por minutos y no encontrarías nada que haga ver esto como una bizarra y perturbadora foto, pero para descubrir lo inquietante de esta imagen, debemos observar atentamente los rostros de los niños. La felicidad en sus caras parece haber sido desgarrada de sus almas, corrompidas por un suceso que escapa a nuestra vista. 




Si te fijas en las niñas del medio, muestran una evidente tensión. Los dos últimos niños de izquierda a derecha de la fila superior tienen una cara de desagrado, como si estuvieran viviendo algo tan mórbido y dantesco que no les permite mantenerse calmo. Algunos niños parecen estar enojados, incómodos, perturbados y hasta asqueados. Las pocas caras que se notan con una minúscula sonrisa, dejan a ver a gritos una obligación. Las caras son en general frías como una lápida, y es en esta última figura literaria donde quiero hacer hincapié. 

El hecho perturbador no se encuentra tras las cámaras, no es algo que les vaya a ocurrir, o algo que les hayan dicho. Se encuentra entre ellos, uno de estos 30 estudiantes es especial, o mejor conjugado el verbo, ERA.






Fijémonos en la foto del mismo curso, tomada un lunes 5 de noviembre de 1923. Podemos apreciar rostros vivos y alegres, muy por sobre la foto que sería tomada un año mas tarde. Llevemos nuestra atención a la segunda fila de arriba abajo, a la última niña de izquierda a derecha, vestida de negro, sonriente con un lazo en la cabeza. Volvamos a 1924 y busquemos a la misma niña, es la tercera niña de la primera fila de arriba abajo, nuevamente con un lazo pero en esta ocasión vestida de blanco. Su rostro está carente de toda emoción, un rostro ausente, exánime. Literalmente MUERTO. La niña de la fotografía había muerto días atrás, pero había sido colocada en la fotografía anual de igual manera, utilizando una madera para mantenerla erguida, dejando a sus compañeros en un estado de perturbación infrahumana. 



Este suceso era común en la época, y se conoce como fotografía post-mortem, a continuación te presento una serie de fotografías post-mortem para tu obsceno deleite.