martes, 5 de enero de 2010

Déjà vu: este reportaje ya lo leíste.


¿Quién no ha tenido alguna vez una experiencia de déjà vu? ¿Y quién no se ha sentido fuera de lugar, extraño, desconcertado y hasta trastornado después de ella? El déjà vu es quizá uno de los ejemplos más significativos de que en el laberinto de la mente humana nada es lo que parece...

Déjà vu:

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Cuando era niño y estaba en la escuela primaria solía protagonizar numerosas experiencias de este tipo. Por momentos, tenía la súbita sensación de saber que ya había vivido –o visto– antes una escena concreta. Recuerdo que durante el breve lapso de tiempo que duraba la experiencia esta me parecía no solo extraña, sino, incluso, “inconfesable”. ¿Cómo podía explicar a mi madre o a cualquier otra persona esa extraña sensación que me invadía? Se trataba de algo tan insólito para mí que cada vez que ocurría experimentaba sentimientos encontrados: primero, cierto grado de ansiedad, aunque positiva, derivada de la propia experiencia, y después, cierto temor por la incapacidad para explicarme el fenómeno a mí mismo y mucho menos a otras personas, que –estaba seguro– no podrían comprenderme. Aunque después, durante muchos años, rara vez volví a tener este tipo de experiencia, debo decir que sentí algún alivio cuando, ya adulto, supe que tenía un nombre –déjà vu–, que yo no era el único que la había experimentado y que, además, no era indicio de trastorno alguno


EXPLICACIONES CIENTÍFICAS:
Del proceso dual a las teorías atencionales



Las teorías científicas propuestas para explicar las experiencias de déjà vu que analizamos detalladamente a lo largo de este reportaje se pueden clasificar en cuatro grupos:
Teorías que afectan al proceso dual: dos procesos cognitivos que están fuera de sintonía durante unos momentos.
Teorías neurológicas: una interrupción en el curso de la transmisión sináptica o nerviosa.
Fallos en la memoria: familiaridad de estímulos no reconocidos.
Teorías atencionales: una percepción desatendida seguida de una atendida.


UNA EXPERIENCIA MUY COMÚN

Después de todo, es la “ilusión de reconocimiento” más común que muchas personas tienen. Lo bastante cercana a una experiencia paranormal, pero tan extendida que difícilmente puede encajar en la definición de “paranormal”. En el último siglo la experiencia de déjà vu ha sido muy poco investigada. En ocasiones se ha examinado a través del método estadístico, mediante encuestas; en otras, se han analizado casos individuales, y ambos tipos de estudios han llegado a conclusiones similares, que son las siguientes: a) cerca del 60% de la población saludable ha tenido al menos una experiencia de déjà vu a lo largo de su vida; b) la recurrencia del fenómeno aumenta con la edad y c) parece estar asociado al estrés y la fatiga. Aunque el déjà vu todavía aparece mencionado en muchos manuales de Psicología como un evento de incierto origen paranormal, la mayor parte de los psicólogos cognitivos actuales no comparte este punto de vista. Las dos interpretaciones principales de índole paranormal que se sugieren para explicarlo son, por una parte, los recuerdos vagos de una vida pasada, lo cual apoya la teoría de la reencarnación, y, por otra, las experiencias premonitorias de corto plazo. La primera, aunque posible, difícilmente puede dar respuesta a aquellas situaciones en las que el sujeto sabe con certeza que ese momento y ese lugar son únicos. En consecuencia, el déjà vu no puede atribuirse a un evento ocurrido en una vida pasada. La segunda, más probable, presenta escasas diferencias con respecto a las auténticas premoniciones, si bien estas vienen por lo general acompañadas de un sentimiento más perturbador, advierten sobre un peligro o una amenaza y no son tan vívidas desde el punto de vista sensorial como el déjà vu. Pero como esta ilusión de reconocimiento afecta a la percepción subjetiva del tiempo, no es extraño que las interpretaciones paranormales se ajusten a algún tipo de experiencia extrasensorial retro o precognitiva, sobre todo porque el individuo no logra reconocer con claridad si el evento pasó, está pasando o pasará. En cualquier caso, a principios de los años ochenta del siglo pasado el psiquiatra sudafricano Vernon Neppe propuso una definición para el fenómeno que sigue vigente hoy en la literatura psicológica contemporánea. Es la siguiente: “Cualquier impresión subjetiva errónea de familiaridad acerca de una experiencia presente, con pasado indefinido”. “En términos generales –aclara Neppe–, una experiencia de déjà vu se caracteriza principalmente por una escena visual, que dura solo unos pocos segundos, a veces asociada al estrés o la ansiedad, pero sin cambios sustanciales en el pensamiento o la emoción. La reacción psicológica es por lo general de sorpresa y las personas pueden experimentar la sensación de que ‘el tiempo corre más despacio’”.


VIAJES Y ESTRÉS

Según recientes estudios, las personas que viajan con frecuencia son más propensas a experimentar déjà vu porque se encuentran en ubicaciones físicas objetivamente nuevas más a menudo que quienes no viajan. Por ejemplo, un estudio de A. H. Chapman e I. W. Mensch mostró que entre quienes viajan mucho el grado de incidencia de las experiencias déjà vu es del 31%, mientras que en el caso de los sujetos que no viajan el porcentaje desciende al 11%. Un ejemplo de esto lo encontramos en el siguiente relato de Victoria T.: “Yo no había estado nunca en Europa. Hace tres años visité a mis abuelos, que viven en Málaga. Recuerdo la emoción que sentí cuando llegué a la ciudad. Fue una sensación muy rara, pero agradable. Caminaba por una pequeña calle serpenteante cuando, de repente, tuve la vívida y clara sensación de que ya había estado allí. La sensación era extraña, pero podía hasta predecir qué iba a encontrar al final de la calle. Anduve unos pasos y vi un auto rojo y un perro caminando frente a mí. De alguna forma supe que el auto y el perro pasarían frente a mis ojos, pero lo supe al mismo tiempo que lo estaba viendo”. Otros casos, explica Mensch, relacionan las experiencias de déjà vu con el estrés físico o psicológico, sugiriendo que lo más habitual es que se produzcan “después de períodos de estrés emocional o bajo un estado de fatiga mental extrema”. Mensch también identifica una serie de situaciones más propensas a que surja el fenómeno, como, por ejemplo, los períodos de depresión psicológica, los soldados que están en batalla y “otro tipo de situaciones emocionalmente estresantes”.

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Los soldados que se encuentran en batalla son más propensos a protagonizar expriencias de déjà vu, según un estudio de A.H Chapman e I W Mensch


EN SUEÑOS

Muchas personas relatan experiencias de déjà vu que parecen repetir el sueño que han tenido la noche anterior. De hecho, es posible que los sueños evoquen recuerdos fragmentados que se duplican con posterioridad durante el déjà vu, de modo que parece existir una fuerte relación entre recordar sueños y experimentar este fenómeno. Es el caso de Sergio M., quien explica que a la edad de diez años tuvo un sueño en el que alguien tocaba el timbre de su casa: “Yo corrí, me asomé y vi a un hombre vestido con un traje de rayas. El hombre me preguntó si tenía cigarros y yo le respondí que no. Le indiqué dónde podía comprarlos, en un kiosco que hay cerca de mi casa. Dos días después, una mañana tocaron el timbre de casa y allí estaba el mismo hombre de mi sueño, al que no había visto nunca antes. Estaba vestido con el mismo traje de rayas y me preguntó si tenía cigarros, tal como había sucedido en el sueño”. De ahí que algunos investigadores especulen sobre la posibilidad de que el recuerdo de algunos fragmentos de sueños pueda originar la experiencia de déjà vu, especialmente en los casos en los que esta se produce poco después de despertar.


PROCESO DUAL

Aunque algunas interpretaciones del déjà vu se encuadran dentro de perspectivas paranormales, son las teorías científicas las que han arrojado algo de luz sobre la naturaleza de la experiencia. Una de estas propone que el fenómeno se debe a una interrupción en el proceso dual, que consiste en el desarrollo de dos procesos cognitivos recíprocos pero separados. Según esta hipótesis, el almacenamiento del recuerdo en la memoria se produce mediante las operaciones de recuperación de este (la experiencia de que el evento ha sido vivido) y de familiaridad (su identificación). La recuperación y la familiaridad son funciones cognitivas independientes que funcionan por lo general de manera coordinada. Sin embargo, la recuperación se puede activar en ausencia de familiaridad, lo cual provoca que una experiencia realmente familiar se convierta durante unos momentos en desconocida (jamais vu).En el sentido contrario, también es posible la activación de una respuesta familiar en ausencia de recuperación (déjà vu). Otra interpretación del proceso dual es la propuesta por el filósofo francés Henri Bergson (1859-1941). Según este, la percepción y la memoria son simultáneas: “La memoria –dice Bergson– nunca es posterior a la formación de la percepción; es contemporánea a ella. La percepción se va creando paso a paso, y el recuerdo de esto se proyecta de forma paralela, como una sombra que sigue al cuerpo”.
Los recursos cognitivos de las personas se concentran, por lo general, en la percepción de un acontecimiento progresivo, pero la distracción, la falta de atención o la fatiga pueden hacer que la memoria y la percepción se superpongan durante unos instantes. Bergson ilustraba esto con el ejemplo de dos soldados que marchan apretados en un regimiento: si el primero se detiene de repente, los que van detrás chocarán con él. Del mismo modo, el proceso de almacenamiento de la información en el cerebro, que se crea en el mismo momento en el que es percibido, puede dar lugar a un falso reconocimiento o déjà vu.


TRANSMISIÓN NEURONAL

Otros investigadores han apuntado que la experiencia de déjà vu puede ser la consecuencia de una disfunción neurológica que implica una lesión o un cambio en la velocidad de transmisión sináptica del sistema nervioso central. El padre de la Psiquiatría británica, Henry Maudsley, creía que los sujetos más propensos a protagonizar experiencias de déjà vu tenían también más probabilidades de desarrollar epilepsia debido al hecho de que la estimulación de la amígdala y el hipocampo en pacientes con epilepsia del lóbulo temporal provoca experiencias de déjà vu. Otras hipótesis se alejan, sin embargo, del resbaladizo terreno explorado por Maudsley. Así, hay estudiosos que opinan que el déjà vu puede deberse a una ralentización temporal de la transmisión neuronal del cerebro durante el proceso de percepción. En efecto, en el transcurso de estas experiencias podría producirse un leve aumento del tiempo normal necesario para transmitir el mensaje a causa de una disfunción sináptica. Debido a esta ralentización leve, la rutina de procesamiento del tiempo (en milisegundos) es mal interpretada o “traducida” por el cerebro como una información “vieja”, convirtiéndose así en un déjà vu. Otra versión de esta interpretación implica la existencia de dos vías en lugar de una. En el sistema visual, desde que el ojo recibe una señal hasta que esta llega a los centros corticales superiores del cerebro la información sensorial pasa por varias vías. En la mayoría de los casos se recibe primero en la vía primaria cortical y luego en la secundaria. Pero cuando la breve diferencia de tiempo en el procesamiento de ambas se alarga, la integración de los dos mensajes en una sola percepción se interrumpe y se experimentan como dos mensajes separados. El cerebro interpreta la segunda versión como una experiencia de percepción separada y origina entonces la sensación inadecuada de “antigüedad” al compararla con la primera entrada, que se ha procesado momentos antes.


MODELO DE PROCESAMIENTO: La fuente

La psicóloga Marcia Johnson, de la Universidad de Yale (EE.UU.), ha propuesto el Modelo de Procesamiento de la Fuente (SMF, en inglés) para explicar el déjà vu. Johnson sostiene que el acto de recordar es una actividad mental que está muy relacionada con las características cualitativas de los acontecimientos pasados protagonizados por el sujeto y con su cultura general y sus creencias. La psicóloga ilustra su hipótesis con un ejemplo: “Suponga que usted está emocionado por su primer viaje a Roma, que llega a la terminal del aeropuerto y que tiene una fuerte experiencia de déjà vu. Usted sabe que nunca ha estado en Roma, pero la terminal le parece increíblemente familiar”.


FUERA DE CONTEXTO

Una experiencia de déjà vu también puede ser provocada por un elemento que es objetivamente familiar pero que no se puede reconocer porque se presenta en una situación nueva y diferente. Así, la familiaridad debida al objeto puede ser malinterpretada por el cerebro como respuesta a un contexto completo, lo que provoca la experiencia de déjà vu. La expresión más clara de esta sensación es:

“Este lugar me recuerda a algo, pero no sé exactamente a qué (o a dónde)”. Veamos un ejemplo. Suponga que usted visita la casa de un amigo por primera vez y que en un rincón del salón tiene un reloj de pie que es idéntico al de la casa de su tía. Mientras usted experimenta una reacción de familiaridad hacia ese elemento, es incapaz de conectar su respuesta al objeto (el reloj) y le atribuye familiaridad al contexto, lo cual provoca un déjà vu. Otro modelo para interpretar la experiencia surge cuando algún aspecto o alguna cualidad de la situación actual provoca una respuesta afectiva que más tarde da lugar a la aparición de un déjà vu. De acuerdo con esta interpretación, el sentimiento extraño que acompaña a un déjà vu no se origina a causa del contraste perturbador entre la familiaridad que tenemos del evento y el fracaso explícito de la memoria por precisar el recuerdo. Por el contrario, el sentimiento es evocado por una asociación emocional condicionada por un estímulo en particular. Todos nosotros podemos identificar un estímulo (ver a una persona, oír un nombre u oler un perfume), lo cual evoca una reacción emocional, agradable o desagradable. Pero cuando esta reacción no se puede conectar a su fuente de origen, la persona identifica de forma incorrecta el estado emocional con un contexto desconocido, lo cual puede derivar en un déjà vu, de modo que la respuesta afectiva implícita (emocional) es reinterpretada inmediatamente de una manera cognitiva (familiaridad). Veamos un ejemplo. Imagine que entra a un hotel en el que nunca ha estado antes y un sofá del rincón del vestíbulo es idéntico al que había en la casa de sus abuelos. Usted experimenta una fuerte reacción emocional (positiva) acerca del hotel sin reconocer de manera consciente que la fuente de su respuesta afectiva es el mueble. Para finalizar, ¿recuerda el ejemplo de la primera visita a la casa de su amigo? Suponga que no es el reloj de pie situado en el rincón de la sala lo que le es familiar, sino que la sensación de familiaridad proviene del hecho de que la habitación tiene una disposición semejante a la de la casa de su tía: un sofá a la derecha, una escalera a la izquierda, un reloj de pie, la pared atrás y una alfombra oriental en el suelo. Ninguno de los elementos de la sala es idéntico al del contexto anterior, pero su disposición general es casi la misma. Cuando la configuración perceptual global del estímulo presente se asemeja a la anterior, esta correspondencia gestáltica puede provocar un déjà vu. Utilizando una lógica similar, todos nosotros, al reconocer una escena o un contexto, lo descomponemos automáticamente en formas de percepción más sencillas, como cubos, triángulos o círculos, un proceso semejante a lo que hacen los pintores cubistas. A veces las escenas y los individuos se pueden descomponer en muchos detalles estructurales y, cuando la percepción se degrada, el armazón general de la experiencia queda “grabado” en el cerebro. El déjà vu no es más que una correspondencia entre el detalle estructural y la experiencia grabada en la memoria.


EL DATO

En una reciente encuesta que he realizado entre 567 estudiantes de Psicología en la Universidad Abierta Interamericana de Buenos Aires (Argentina), el 82% de los sujetos aseguran haber tenido una experiencia de déjà vu. El 65% de ellos ha protagonizado varias veces el fenómeno. A la hora de interpretar esta experiencia, 274 estudiantes (61%) la consideran “dudosa”, en el término medio entre “racional” y “paranormal”, mientras que 129 (29%) la interpretan como un evento “normal y racional”. Solo un 43 (9%) la estima “paranormal”. En términos generales, la mayoría la percibe como una situación emocionalmente “agradable”, sin consecuencias negativas. En un estudio más preciso, también he descubierto que los individuos que experimentan déjà vu son más propensos a protagonizar experiencias alucinatorias y experiencias hipnagógicas en el sueño, y presentan un grado moderado de tendencia a la esquizotipia.


LOS EXPERTOS Sus hipótesis más destacadas 


Más Allá ha compilado en este reportaje las teorías de algunos reputados expertos sobre el fenómeno del déjà vu. Estos son algunos de ellos:
JOHN HUGHLINGS-JACKSON: Neurólogo británico que, según algunos autores, utilizó por primera vez el término déjà vu en un texto en lengua inglesa. Otros investigadores atribuyen este “mérito” al filósofo francés Emile Boirac.
VERNON NEPPE: Planteó a mediados de los ochenta del siglo pasado la definición de déjà vu que hoy sigue vigente: “Cualquier impresión subjetiva errónea de familiaridad acerca de una experiencia presente, con pasado indefinido”.
HENRI BERGSON: Propuso una nueva interpretación del proceso dual –la simultaneidad entre los procesos de almacenamiento y percepción de la memoria– que podría explicar algunos episodios de déjà vu.
MARCIA JOHNSON: Impulsora del Modelo de Procesamiento de la Fuente, cree que la cultura y las creencias de los individuos podrían jugar también un papel destacado en la interpretación de algunos casos de déjà vu.
KARL PRIBRAM: Si el cerebro sigue un modelo holográfico, como sostiene este neurofisiólogo austriaco, las posibilidades de experimentar un déjà vu aumentan exponencialmente en cada uno de nosotros.


DÉJÀ VU, PARAMNESIA, PRE-EXISTENCIA...Muchos términos para un mismo fenómeno

Desde principios del siglo XIX y hasta mediados de los años cincuenta del siglo pasado se utilizó una gran variedad de expresiones y frases, en diferentes idiomas, para describir la experiencia de déjà vu. Algunos autores sugieren que el primero que usó este término en un texto en lengua inglesa fue el neurólogo británico John Hughlings-Jackson (1835-1911) en 1888, aunque otros creen que fue el filósofo francés Emile Boirac (1851-1917) en 1876. En cualquier caso, la expresión no se generalizó hasta muchas décadas más tarde. Entre los más de veinte términos empleados en al menos tres idiomas para referirse a esta sensación se encuentran expresiones como paramnesia, ilusión de lo ya visto o sentimiento de pre-existencia, lo cual demuestra el intento de encajar esta experiencia dentro del dominio de la neurología clasificándola como un trastorno, una ilusión o una alucinación de la memoria.


PROBLEMAS DE RECONOCIMIENTO: Jamais vu y otras disfunciones

Hay algunas disfunciones del reconocimiento que están relacionadas con la experiencia de déjà vu. Son las siguientes:
JAMAIS VU: Es la experiencia inversa al déjà vu. En este caso al individuo no le resulta familiar una situación o escena que sí ha presenciado con anterioridad. Así por ejemplo, Matías M. cuenta que, a veces, en el momento de entrar en su propia habitación se siente “como si nunca hubiera estado en ella”. Aunque el
jamais vu es menos común que el déjà vu y es posible que se deba a mecanismos psicológicos diferentes, lo cierto es que en términos fenomenológicos ambas experiencias resultan comparables. Las dos son anomalías del reconocimiento: una porque la sensación de familiaridad es inadecuadamente intensa y la otra porque es inadecuadamente débil.
SÍNDROME O MAL DE CAPGRAS: Esta afección se caracteriza básicamente por que el sujeto cree que alguien cercano (en general, un amigo o un pariente) ha sido reemplazado por un impostor. Este síndrome está mejor estudiado como un delirio de identificación y no se produce en adultos neurológica y psiquiátricamente sanos, sino que está asociado a enfermedades que implican lesiones en el hemisferio cerebral derecho, como la esquizofrenia o la epilepsia.
ARAMNESIA REDUPLICATIVA: Se trata de una alteración de la memoria que provoca que el individuo crea que el lugar en el que se encuentra es una réplica de otro idéntico que existe en dos o más emplazamientos. El episodio típico es el de un paciente que está erróneamente convencido de que el hospital en el que convalece es el mismo en el que había estado antes, pero en una ubicación geográfica diferente. Igual que sucede con
el síndrome de Capgras, esta disfunción del reconocimiento es propia de individuos que padecen cierto tipo de psicopatologías, en general delirios asociados a lesiones que implican al lóbulo frontal.
SÍNDROME DE FRÉGOLI E INTERMETAMORFOSIS: Ambos síndromes se caracterizan por la creencia de que un familiar (en el caso de la intermetamorfosis) o una persona desconocida para el individuo (en el caso del síndrome de Frégoli) ha sido de alguna manera reemplazado por otro pariente o amigo conocido.

Las víctimas inocentes de Satán


La brujería fue algo más que una superstición en la historia de España comprendida entre el siglo XVI y principios del XIX. Horrendos crímenes se gestaron al amparo de pócimas, rituales y pactos con supuestas entidades del Más Allá. La muerte fue en ocasiones el resultado de estos terroríficos juegos diabólicos.

Las víctimas inocentes de Satán


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UNA PERCEPCIÓN NO MUY EXACTA

El folclore y las tergiversaciones introducidas por la leyenda han creado la errónea sensación de que quienes se movían en el oscuro mundo de las artes prohibidas fueron perseguidos de manera desproporcionada y sectaria por las autoridades eclesiásticas de la época simple y llanamente debido a su aparente condición de herejes. Sin embargo, lo que supuestamente era una ciencia popular basada en los poderes curativos de la sabia Naturaleza y de sus elementos, aderezada con estrambóticos rituales que no solían ir más allá de un mero espectáculo de cara a posibles clientes, degeneraba en ocasiones en auténticos despropósitos en los que se derramaba la sangre de inocentes. Y es que bajo el manto del conocimiento oscuro se cobijaban muchas personas con desequilibrios mentales o, simplemente, dotadas de un instinto asesino y sádico que afloraba en dichas ceremonias. Trabajos de investigación como el de Rafael Martín Soto han dejado en evidencia la leyenda negra que se creó en torno a este tema. Bajo el título Magia e Inquisición en el antiguo Reino de Granada, Soto realiza un exhaustivo ensayo donde desgrana, uno a uno, los casos más relevantes estudiados por el Tribunal del Santo Oficio de esta ciudad, cuya jurisdicción comprendía las actuales provincias de Granada, Málaga y Almería. Gracias al análisis de 681 expedientes, han visto la luz algunos de los sucesos más escalofriantes asociados a la brujería en nuestro país. Estos hechos no eran frecuentes, pero tampoco excepcionales, y resultan representativos de muchas de las creencias que sirvieron de base a asesinatos despiadados.


MAGIA NEGRA

Uno de los crímenes más horrendos de los que se tiene constancia se cometió en el mes de junio de 1752 en la población granadina de Baza. Don Andrés de Segura,
administrador de las tierras del pueblo granadino de Orce en nombre del Conde
de Aguilar, no tenía escrúpulos en practicar toda clase de ritos mágicos buscando la mejora de su salud, una juventud que se le escapaba y, cómo no, más riqueza y poder de los que ya ostentaba. Para ello no dudó en rodearse de supuestos hechiceros y de brujos que alentaban sus esperanzas y sus deseos a base de conjuros de magia y de ceremonias oscuras. El mayordomo de Segura, don Álvaro Vicente de Mendoza, que pertenecía también a una familia acaudalada, compartía con él el dudoso gusto por aquellas artes mágicas. Este personaje, tan despreciable como carente de escrúpulos, contrató los servicios de unas gitanas de Baza con fama de brujas en la región para conseguir “sangre útil” con la que encontrar un fabuloso tesoro presuntamente oculto en las tierras de su señor. Y es que en esta época la búsqueda de tesoros por los campos de nuestro país era una afición tan común que casi podía considerarse una plaga. Curiosamente, la manera en la que muchos se encargaban de averiguar el emplazamiento de tan codiciado botín era mediante ritos mágicos en los que el elemento principal era la sangre. Normalmente se utilizaba sin pudor la de gatos o perros, lo que no otorgaba siempre un buen final, ya que, según los libros prohibidos, la única sangre que aseguraba una certeza plena en la localización del tesoro era la humana, con la particularidad de que cuanto más inocente fuera la víctima y con mayor sufrimiento se extrajese la sangre mejor resultado se obtendría. Con semejante encargo las hechiceras, que respondían a los nombres de Antonia Guillén, María Antonia Moreno (su hija), María Josefa Tudela, Josefa Romero y Bernarda Vizcaíno, se pusieron manos a la obra la misma Noche de San Juan. En esa fecha mágica las tres últimas llevaron a casa de la primera un crío de apenas dos años que habían secuestrado tres días antes y al que no habían alimentado desde entonces con objeto de hacerle sufrir. Antonia cogió al niño en su regazo y le propinó una brutal paliza, durante la cual recogió en un recipiente tanto las lágrimas como las babas de la infeliz criatura. Posteriormente, y con una sangre fría que dejó estupefactas a las demás mujeres, no dudó en rebanar el cuello del pequeño, cuya sangre depositó en el mismo recipiente. A la mañana siguiente don Álvaro llegó a casa de Antonia Guillén, recogió su encargo y se marchó con el preciado líquido, listo para ser usado en los rituales para los que había sido obtenido. Solo las cinco mujeres recibieron castigo por parte de la Justicia. Pese a comprobarse su participación en los hechos, los dos hombres poderosos y acaudalados jamás fueron perseguidos por un crimen tan repugnante.

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PACTOS DIABÓLICOS

Pero si hay algo que ha caracterizado socialmente a la brujería son los supuestos pactos realizados a través de ceremoniales con las diversas entidades que pueblan los infiernos. Aunque los acuerdos entre demonios y humanos eran los más comunes, se creía que el Averno estaba poblado por una gran variedad de entes. Por ello, en función de los deseos y de la cuantía que el solicitante quisiera sacrificar, el pacto era con unos seres o con otros. Ni que decir tiene que cuanto más importante fuese el ente en el escalafón del inframundo más difícil, complicado y sangriento era el precio de sus concesiones. Y si a eso se suma que el pacto diabólico por excelencia era el que se hacía con el mismísimo Lucifer, no es difícil imaginar cuál era el pago de aquellos que pretendían conseguir favores de Belcebú.

Resulta inquietante saber que estos eran los acuerdos a los que mayor número de personas se adherían y, por consiguiente, también los que en un principio mayor número de víctimas causaron en el pasado. La particularidad de los crímenes cometidos a causa de este tipo de acuerdo no se debe pasar por alto: eran los únicos, en el contexto de los ritos practicados por los hechiceros, de carácter egoísta, ya que el interesado era el único beneficiado. En todo caso, en una época en la que la creencia en Dios y en Satanás no era cuestión de fe, sino de supervivencia, una vez iniciado el proceso nadie en su sano juicio osaba echarse atrás en cuanto a las pretensiones del Maligno. Niños con unas determinadas peculiaridades, mujeres jóvenes vírgenes o, en su defecto, personas de consanguinidad probada con el interesado solían ser los sacrificios exigidos a quien quería obtener los favores del Príncipe de las Tinieblas.

Los papeles del Santo Oficio incluyen procesos inquisitoriales contra algún crimen en el que el pacto diabólico era el principal elemento argumental. Un claro ejemplo es la actuación que se llevó a cabo contra un personaje llamado Pedro Felipe José Bravo. Este tenía la intención de secuestrar y de asesinar a tres pequeños, pero solo hubo que lamentar la muerte de uno porque una dolencia grave impidió a Bravo cumplir con su macabro objetivo. El 26 de abril de 1748 Pedro Felipe se presentó de manera voluntaria ante el comisario de la Santa Inquisición de Málaga para confesar que había cometido horrendos crímenes contra la ley de Dios. Según lo recogido en los documentos de esta institución, la ilusión de este hombre era tener dos cosas en la vida: dinero para gastar y mujeres a las que cortejar. En un viaje que hizo a Portugal conoció a un brujo que le confió una serie de conjuros para conseguir lo que tanto ansiaba. La sencillez del procedimiento sorprendió a Pedro Felipe. Según narró, primero debía pedir a Dios el deseo y, si no lo concedía, tenía que dirigirse al Diablo. Si este se lo otorgaba, habría que pagar un pequeño tributo a cambio. Bravo decidió poner en práctica los conjuros. En lo relacionado con las mujeres no tuvo problemas; tampoco los había tenido antes. Pero los dirigidos a saciar su sed de dinero no sirvieron para generar la fortuna que había previsto. Furioso, reclamó con todas sus fuerzas hablar con el Diablo, pero no obtuvo respuesta. Desconcertado, siguió las crueles instrucciones de uno de los libros prohibidos que hacían referencia a la obtención mágica de dinero. El rito que escogió consistía en bañar en la sangre de un inocente una moneda para que, tras pronunciar las palabras correctas, esta volviera a sus manos una y otra vez en mil ocasiones para poderla gastar de nuevo. Para ello no dudó en raptar a un pequeño y degollarlo. Acto seguido, introdujo una peseta en el fluido vital del crío. Contento con sus actos y a la espera de que dieran fruto, pensó que con una sola víctima no obtendría un gran beneficio e intentó raptar a dos niños más. Sin embargo, enfermó gravemente. Creyendo que la dolencia era un castigo de Dios, se encomendó a la Virgen

María y prometió confesar todos sus pecados si le devolvía la salud. Y esta volvió. Por ello se animó a confesar, esperando la misma indulgencia de los hombres que la que le había sido concedida por el cielo. Obviamente, el clero no fue tan generoso e hizo caer sobre Pedro Felipe todo el peso de la ley eclesiástica. Pagó caro en propia carne sus desmanes y su crueldad. Sea como fuere, da pánico pensar en el número de víctimas que la brujería dejó atrás. Y es que el ser humano puede llegar a ser el peor de los demonios.

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EL DIABLO...en la Iglesia

Los procesos contra religiosas por practicar la brujería tienen famosos precedentes. El que se desarrolló contra las monjas de Aix en Provence (Francia) en 1611, el de las ursulinas de Loudun (Francia) en 1634 o el de las hermanas de Louviers (Francia) en 1647 son claros ejemplos. Pero los casos más notables, quizá porque llegaron a abrirse procesos inquisitoriales contra sus responsables, fueron sin duda el del convento de San Plácido de Madrid (16281647) y el de las Carmelitas Descalzas de Corella, Navarra (1730-1737). Muchos de ellos presentan semejanzas más que evidentes con los hechos acontecidos en el convento de Santa Clara de la Paz de Antequera: infanticidios, orgías, exorcismos, ritos y ceremoniales de adoración al Diablo... Las cárceles secretas de la Santa Inquisición, como la de Toledo, eran el destino de muchas de estas religiosas.


Sabías que...
algunos manuales de magia, como La clavícula de
Salomón o La gallina negra, eran consultados por quienes buscaban tesoros? Los ritos incluían como alternativa a la sangre humana la de un animal. Sin embargo, a la hora de celebrar sus grotescas ceremonias más de un fanático optaba por ejecutar a niños sin bautizar.



EL HOMBRE DEL SACO: Una leyenda muy real

Los brujos y las hechiceras se servían de la superstición popular para obtener beneficios con complicados ungüentos y pócimas con los que alentaban la falsa creencia de que curaban enfermedades. Puesto que en muchos libros de hechicería se hacía referencia a las peculiaridades mágicas de la sangre y de los fluidos corporales de los niños, se asentó la idea de que estos tenían en su inocencia la clave del bien que luchaba contra el mal. Es por ello que muchos desalmados se dedicaron al secuestro, el tormento y el asesinato de pequeños con el propósito
de comerciar con ellos. Estos personajes son conocidos como “sacamantecas” y dieron origen a la leyenda popular del hombre del saco, que se caracteriza por su gran crueldad. Uno de los casos conocidos en los que actuó este personaje es el crimen del Martinete. Un niño de corta edad llamado Manolito Sánchez fuesecuestrado, torturado y asesinado para que su sangre sirviese de bálsamo a los males de un conocido torero de la época. Este acontecimiento tuvo lugar a principios del siglo XX y es una buena muestra de lo extendida y de lo asentada que estaba esta superstición.

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MAGIA EN LA IGLESIA

Resulta curioso comprobar que en el seno de la curia existía también una clara inclinación hacia las prácticas de hechicería. En la época en la que sucedieron los acontecimientos recogidos en los documentos de la Santa Inquisición la diferencia entre el alto y el bajo clero era tan abismal que muchos párrocos y monjas compartían no solo las supersticiones y los miedos de sus feligreses, sino también su ignorancia de la propia fe cristiana, de la que supuestamente eran paladines. En palabras de Carmelo Lisón Tolosana, autor del libro Demonios y exorcismos en el Siglo de Oro, las “huestes” que poblaban las filas del “ejército del Señor” entre los siglos XVI y XVII constituían un “bullanguero contingente de ignorantes y frívolos,
apicarados y trotamundos”. Con semejante panorama no es de extrañar que el Tribunal del Santo Oficio se encontrase en más de una ocasión con casos tan inauditos como el acontecido en el convento de Santa Clara de la Paz, ubicado en la malagueña ciudad de Antequera. Los hechos que iniciaron la actuación de la Inquisición fueron los testimonios voluntarios que algunas de las monjas prestaron sobre los turbios acontecimientos que supuestamente se producían dentro de los muros de aquella casa de clausura. Según las hermanas, dentro del convento se reunían de forma periódica adoradores del Demonio que contaban con la complicidad de algunas religiosas. Lo atestiguado era de tal gravedad que se puso en marcha la Justicia eclesiástica para dilucidar si las acusaciones eran ciertas. Se descubrió que, en efecto, en aquel convento muchas de las monjas se habían visto involucradas en cultos presuntamente satánicos y en ceremonias de carácter orgiástico. En ellas llegaron a participar hasta 41 monjas del convento y 47 varones, entre religiosos y legos. Los ritos se iniciaban con una serie de rezos y cánticos, a los que posteriormente seguía un suculento banquete. Una vez finalizado, todos los presentes se enzarzaban en las prácticas sexuales más procaces. Como resultado de tales acciones muchas de las mujeres quedaron embarazadas. Posteriormente, fueron sometidas a abortos, aunque en algunas ocasiones llegaron a nacer niños que fueron sacrificados en nuevas ceremonias con el fin de utilizar su sangre en la elaboración de ungüentos y mejunjes con los que curar enfermedades. El infanticidio fue, por tanto, el triste final de aquellos inocentes que tuvieron la desgracia de nacer dentro de los muros del convento. Los nombres de casi todos los participantes en aquellos hechos están recogidos en las actas. Muchos fueron castigados, pero otros apenas merecieron una mísera amonestación. Sea como fuere, lo único cierto es que el caso del convento de Santa Clara de la Paz de Antequera se desarrolló con un sigilo extremo debido a las connotaciones del mismo. Sorprende que en 1767 se llevase a cabo un proceso semejante con un secretismo de tales proporciones. Pese a todo, los hechos salieron a la luz gracias al exhaustivo estudio realizado por los investigadores de la curia.

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